Hoy ha sido un día raro de bonito. De esos que no tenía planeados así, pero que se han ido encadenando uno detrás de otro sin dejarme casi respirar.
Entre clienta y clienta en la tienda, he ido sacando huecos de cinco minutos para avanzar. Pedí el ISBN a la Agencia española, sin urgencia, sin prisa que no fuera real. Cuarenta y cinco euros, como persona física, como autora-editora. En unos días llegará.
Después llegó lo de la landing page. La monté con mi portátil, entre un rato libre y otro. Subida a Netlify, arrastrando una carpeta, sin saber muy bien qué estaba haciendo la primera vez.
Y por la tarde, el dominio. universonya.com. Dieciocho euros al año, y de repente el proyecto entero deja de vivir solo en archivos sueltos de mi ordenador y empieza a tener una casa real, con una dirección que se puede escribir.
No sé explicar bien por qué un dominio de dieciocho euros al año se siente tan importante. Pero se siente.
A través de mí ya no es solo un PDF. Empieza a ser algo que existe fuera de mi cabeza.